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NY Times: Laguna San Ignacio-- en Espanol

NY Times Article in Spanish

Publicado en Sentido Común (sentidocomun.com.mx):

Desarrollos inmobiliarios en Baja California crean
conmoción en los criaderos de ballenas

Autor: James C. Mckinley Jr.

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Laguna de San Ignacio, 13 de marzo – Esta remota
laguna, rodeada de salares, mesetas y desiertos, ha
sido desde hace milenios un santuario de la ballena
gris.

Cada año, en enero, cientos de ballenas grises
regresan a estas quietas y protectoras aguas, para
parir a sus crías y amamantarlas durante los primeros
meses de vida. Luego, se aparean de nuevo en medio de
un remolino de agua y aletas, jugueteando y agitando
sus enormes cuerpos en las cálidas aguas.

Los pescadores que trabajan como guías de turistas
durante los tres meses que las ballenas permanecen en
el lugar, llevan a los turistas hasta el centro de la
laguna, donde las ballenas juegan con las lanchas.
Algunas veces, los entusiastas visitantes pueden
acariciar incluso la sensible piel de los gigantescos
animales.

Pero la laguna ha demostrado tener un poderoso
atractivo, no sólo para los amantes de la naturaleza:
desde hace tiempo, los yacimientos de sal y petróleo
de la zona han llamado la atención de los
urbanizadores, lo que ha enfrentado a los defensores
del medio ambiente y a los pescadores locales,
preocupados por el turismo, con las grandes empresas y
los especuladores de tierra, e! n batallas que se han
intensificado en los últimos años. !

Por ejemplo, en 2000, los ambientalistas ganaron una
larga batalla contra Mitsubishi, que quería construir
un gigantesco complejo de extracción de sal en la
laguna, que podría haber devastado la pesca y la
industria de la observación de las ballenas.

Los defensores del medio ambiente dicen que los planes
para explotar los yacimientos de petróleo que existen
cerca de la laguna y construir una gran marina cerca
de su entrada son una amenaza para las ballenas.

Desde el punto de vista de los ecologistas, quizá la
amenaza mayor que enfrenta la laguna es el boom
inmobiliario que recorre la península. Por toda Baja
California, los especuladores de tierras están
sobornando a los miembros de las cooperativas
pesqueras y ganaderas, que son dueños de vastas
extensiones de playas, que incluyen las que se ubican
en uno de los hábitats marinos más vírgenes y ricos
del mundo.

Pero aquí, los grupos ambientalistas han llegado a un
acuerdo inusual con una cooperativa para proteger la
laguna, que es el último reducto que les queda a las
ballenas grises, del desarrollo industrial y de la!
especulación de la tierra.

Según el acuerdo, la cooperativa ejidal Luis
Echeverría, ha acordado proteger 48,500 hectáreas
alrededor de la laguna para que no sean urbanizadas, a
cambio de un fideicomiso de 675,000 dólares,
establecido por varios grupos, entre ellos Natural
Resources Defense Council y Wildcoast.

Las ganancias del fondo van a la cooperativa, para que
se inviertan en proyectos que creen empleos
permanentes y que den a sus 43 miembros un interés que
permita proteger a las ballenas y su hábitat.

 “Es un proyecto a largo plazo, a perpetuidad”, dijo
el presidente de la cooperativa, Raúl López. “Tenemos
que servir de ejemplo a otras cooperativas.”

Sin embargo, la cooperativa Echeverría no es sino una
de las seis dueñas de terrenos alrededor de la laguna,
y los ambientalistas han tenido dificultades en la
tarea de persuadir a las otras a que se comprometan
con la protección de las ballenas.

Serge Dedina! , director ejecutivo de Wildcoast,
espera convencer a los miem! bros de la cooperativa
de que, en el largo plazo, ganarán más con el
desarrollo del turismo alrededor de las ballenas y con
las pesquerías sustentables, que de la avalancha del
dinero en efectivo que les traerá la venta de sus
tierras.

Las ballenas grises migran cada año desde los mares de
Alaska hacia las aguas de México. Llegan en enero y se
quedan hasta principios de abril. La laguna, junto con
otras dos bahías de aguas menos inmaculadas, es parte
vital para su supervivencia, ya que es aquí donde las
madres paren a sus crías y donde éstas ganan
suficiente fuerza para enfrentarse a los peligros del
océano abierto.

Asimismo, la laguna posee 221 especies de aves. En sus
aguas pescan águilas pescadoras, cormoranes y
pelícanos, al tiempo que halcones y águilas reales y
calvas surcan los cielos. También es posible ver
especies en peligro de extinción, como berrendos
peninsulares y tortugas marinas verdes.

Sin embargo, las ballenas son el centro de atención. A
lo largo de la costa sureste de la bahía se encuentran
dispersos ocho campamentos, y existen 16 lanchas con
licencia para llevar a los turistas.

López d! ijo que la idea de la cooperativa local, o
ejido, es que el ap! oyo que brinde el fideicomiso a
los pequeños proyectos, genere empleos y elimine la
tentación de las personas de vender sus tierras para
ser empleadas en la minería o en la urbanización.

Pero los líderes de otras cooperativas alrededor de la
bahía no están aún convencidos. El Ejido de San
Ignacio, al norte, está controlado por ganaderos y
hombres de negocios que tienen poco o nada que ganar
con el negocio de contemplar a las ballenas.

Su presidente, Rodrigo Martínez Zapién, un abarrotero,
dijo que la mayoría de los 81 miembros de la
cooperativa son ganaderos ! o dueños de pequeños
negocios, y que podrían aceptar vender sus playas a
empresas salineras o a cualquiera que genere empleos.
Los especuladores ya se pusieron en contacto con
ellos, dijo. “La verdad es que no tenemos mucho
interés en explotar ese negocio de las ballenas”,
dijo.

Otros dicen ver a las ballenas como un recurso. Las
excursiones de las ballenas son un trabajo menos
pesado que arrastrar redes de pesca. Y el dinero del
fideicomiso ayudaría a los dueños de pequeños negocios
a proporcionar empleos. Su única otra opción, dicen,
es vender, mudarse a la ciudad y despilfarrar el
dinero de la venta.

 “Por supuesto, ha habido personas que vinieron a
comprar tierras, pero no nos interesa vender, porque
la mayoría de nosotros trabaja ahora en el turismo”
dijo Alejandro Ramírez, un pescador local de 35 años,
que trabaja en un campamento de observación de
ballenas. “Si vendo, seguro que tendré dinero, pero el
dinero en las manos se va rápidamente, y con esta área
natural mi familia tiene un modo de ganarse la vida
durante mucho tiempo”.

Traducido por Midiala Rosales Rosa
Editado por Juan Carlos Jolly

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Link:
http://www.sentidocomun.com.mx/articulo.phtml?id=11056

Fotos: Adriana Zehbrauskas
Photographer
www.azpix.com.br

Posted by WiLDCOAST on March 16, 2006 01:15 PM




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