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Todo sobre las tortugas marinas.
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Parte 3
Por Martha Harfush Meléndez.
Según muchos investigadores las tortugas marinas se empiezan a reproducir hasta después de los 25 años de edad, aunque las especies de talla más pequeña, como la golfina y la lora, se empiezan a reproducir a edad más temprana, alrededor de los 10 años.
Sin embargo, estas dos especies tienen una expectativa de vida relativamente corta, alrededor de los 30 años, mientras que otras especies como la cahuama, la carey, la prieta, la blanca y la kikila, pueden vivir hasta 50 años; se cree que la tortuga laúd puede llegar a vivir hasta los 80 años. Como vemos, no son tan longevas como algunas especies de tortugas terrestres que pueden llegar a vivir hasta 100 años.
La emergencia de las crías, una vez que han terminado el proceso de incubación y salido del huevo, es una escena fascinante. En principio se ve que la arena de la superficie se mueve un poco y de ahí, de pronto, sale una cabecita, después se asoma otra y otra; poco a poco van saliendo todas del nido, por un momento se quedan quietas, aletargadas. Poco a poco se van moviendo para iniciar su recorrido hacia el mar.
Algunas hembras desovan cerca de la zona de mareas, otras anidan en la vegetación; la gran mayoría lo hacen en la parte húmeda de la playa. En la etapa de crías, justamente después de nacer y cuando están en la playa, con rumbo al mar, las crías son muy vulnerables, ya que es un área en la que hay muchos depredadores como zorrillos, mapaches, tlacuaches, gaviotas, zopilotes y otras aves. En algunas playas de anidación que están en las proximidades de asentamientos humanos, los perros y gatos domésticos también son un riesgo para las crías. Además el saqueo de huevos practicado por los humanos puede amenazar su población.
En la fase final de la incubación se pueden apreciar dos de las adaptaciones que han contribuido a la sobrevivencia de las tortugas. La primera de ellas es un pequeño diente filoso en el pico conocido como carúnculo, el cual utilizan para romper el cascarón y poder salir; casi de inmediato lo pierden, pues nunca más lo volverán a necesitar. Otra adaptación interesante es el saco vitelino, el cual podríamos ubicar en una posición igual al ombligo de los mamíferos y que será su fuente de energía durante los primeros días de vida.

Ésta es una adaptación crucial y se trata de un pequeño retraso en la absorción de los nutrientes de la yema del huevo durante la incubación; esto hace que al momento de salir del nido la cría aún conserve parte de esa fuente de energía, lo que le servirá para avanzar sin detenerse mientras cruza la zona costera, en donde se encuentra un número importante de depredadores. Por ello, vemos a las crías recién emergidas con movimientos muy rápidos y continuos, característica conocida como “frenesí natatorio”.
Podríamos decir que tienen prisa por avanzar, por lo que no es aconsejable que las crías sean retenidas una vez que emergieron del nido. Dado que en esta pequeña protuberancia en el vientre se concentra la principal fuente de energía de una cría, es común que algunos de los depredadores que hay en la playa, como aves y cangrejos, consumen casi exclusivamente su contenido y dejan sobre la arena a la cría ya sin vida.
Las tortugas marinas se han adaptado con aparente éxito ante los cambios que se van presentando en nuestro planeta. Como todos los que lo habitamos, hoy también enfrentan un enorme reto ante las transformaciones que se están manifestando por el cambio climático. Capaces de adaptarse, seguramente lo son; dado que estos cambios parecen estar sucediendo con cierta rapidez, la pregunta clave es ¿tendrán tiempo suficiente para hacer los ajustes necesarios?

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